martes, 11 de septiembre de 2007

S-11

Hoy es La Diada en Cataluña. Y el Día del Terror en Nueva York y alrededores. Me siento extraña. Siempre he celebrado el 11 de setiembre. Para mi representaba nadar la Travessía de Salou e ir al parque acuático más tarde, después de repetirme mil veces que no volvería a nadar en el mar durante 'horas'.

El 11 de setimbre de 2001 decidí no nadarla. Quedé con Luis, mi mejor amigo, y fuimos a tomar unas cañas. Supongo que por nostalgia de la travesia pasamos por el Júpiter, nuestro club de natación. Vimos al autocar que traía de vuelta a nuestros compañeros mientras buscaba aparcamiento. Entramos en La Grangeta, la panadería de enfrente del club, porque la gente decía que no podía ser cierto lo que estaba pasando. Y vimos como la gente se tiraba por las ventanas de aquellas torres inmensas que siempre quise visitar.

El 11 de setiembre de 2005 también me encontraba en New York. A las cuatro de la tarde me subía a un avión que me llevaría de vuelta a Barcelona, haciendo escala en Londres, tan sólo un mes después de los atentados en la capital inglesa. Llevaba tres meses trabajando como camp counsellor en Camp Cavell (Michigan) para hacerme pasar la pena post-Erasmus.

Hoy se cumplen seis años de los atentados. Hace dos días que los metros van más vacíos en New York. Algunos hemos venido a trabajar pero otros decidieron pasar un 'puente largo improvisado' en algún lugar alejado de Manhattan. No me extraña. El ambiente se nota enrarecido, las tormentas no han cesado en todo el día y aunque tengo una recepción de la Cámara de Comercio iré a clases de inglés. No me apetece juntarme con cien personas que hablen del día en que 'todo cambió' mientras engullen canapés y pinchos de tortilla.

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