miércoles, 18 de julio de 2007

Perdida durante una semana...

Demasiadas cosas desde el jueves pasado como para no recapitular… Para empezar, el viernes fuimos al concierto de unos DJs catalanes en Prospect Park, Brooklyn. Nos juntamos unos cuantos… Ander, Miguel y yo. Damián. Rosa e Isabel, las dos becarias de verano del Instituto Cervantes. Y Camille e Iris, las dos francesitas que había conocido el domingo en la barbacoa judía. Me sentí como en casa, con el móvil pegado a la oreja todo el día pendiente de los mil planes que se iban sucediendo. Incluso me llamó gente por sorpresa: las parisinas le dieron mi número a un brasileño que habían conocido por la mañana para ligar con él y me convertí en la centralita del deseo, jajajajajaja.

Como la noche es joven. Y más en una ciudad donde los conciertos acaban a las diez… me fui con los chicos para Manhattan. Y casi no lo cuento… Qué cansancio, qué de cerveza, y qué sueño. Total, que siendo la segunda vez que veía a Damián (que dios le bendiga) me quedé a dormir en su casa. En el magnífico piso veinticinco con vistas al East River… Creo que ha sido uno de los mejores despertares en mucho tiempo y eso que a penas dormí cinco horas… Hay que exportar las persianas.

El sábado había pensado hacer mil cosas: la colada (que a día de hoy todavía está pendiente…), ir a la playa, hacer la compra, llamar a Brian y Bruce… En fin, a parte de hablar con la familia y comer y dormir mi día se redujo a nada con dos fiestas por la noche: el cumpleaños de Meghan (la excompañera de piso de Henri), en Brooklyn, y Nacotheque, en Chinatown. Una fiesta que nos recomendó Jun, el periodista mexicano, y donde, realmente, te sentías como en Tijuana. Como dos noches seguidas en casa de mi nuevo cuate era abusar decidí volver en metro. Craso error: si eres chica, llevas vestido, son las cuatro de la madrugada y estás en Manhattan… ni lo intentes. Las compañías que se acercan a tu asiento, y que te siguen cuando te cambias de lugar, no son las mejores.

El domingo podría decir que fue más productivo. Fui a la playa y al volver salí corriendo para Manhattan donde había quedado con Rosa, Ander y Miguel. El puente de Brooklyn nos esperaba. ¡Por fin! De allí fuimos al distrito financiero y a cenar en un badulaque perdido en Times Square.

El lunes compré la Canon G7 de mis sueños. Es tan bonita… Creo que me he enamorado. A partir de ahora podré completar la letra con fotografías. ¡La periodista intrépida ha vuelto!

Y ayer tuvimos una recepción de la Cámara de Comercio. Venían alumnos de la Universidad Comillas de Madrid y había que hacer de anfitriones: tortilla de patatas, montaditos, huevos rellenos… cuando hay que quedar bien la gastronomía es un punto a nuestro favor. Como siempre, acabo pensando en comida. Son las seis de la tarde y la gente empieza a cenar. Yo sigo en la oficina pero creo que me estoy americanizando. ¡Socorro! Y pensar que María José y compañía están ahora en Barcelona cenando, en casa, con mis padres…

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